Category Archives: Cuentos

El asilo

El asiloNelson bajó del taxi y tocó el timbre del asilo. Esperó unos momentos hasta que una persona encendió la luz del vestíbulo y le abrió la puerta:

– Hola, ¿en qué puedo ayudarlo?

– Que tal señorita, soy el señor Nelson Bermúdez. Hace unos días hablé para que me prepararan una habitación. En el carro que está allá, viene todo mi equipaje. ¿Sería tan amable de llamarle a alguien para que me ayudara a sacarlo de ahí?

– Antes que nada, voy a checar la lista de nuevos ocupantes. Usted no sabe la cantidad de gente que quiere vivir aquí sin pagar. ¡Uh! Bermúdez, tiene razón. Le asignaron el cuarto número 16. Subiendo las escaleras, es el primero a su izquierda. El almuerzo se sirve en el comedor a las diez de la mañana, la comida a las cuatro de la tarde y la cena a las ocho.

– Gracias señorita.

– Antes de que se vaya, quisiera preguntarle ¿quién le hablo de este lugar?

– Fue mi amigo Orlando Ontiveros. De hecho, le quería preguntar cuál es su habitación, pues deseo darle una sorpresa.

– Ah hace poco tuvimos que desalojar al señor Orlando, nos debía cuatro mensualidades, pues contrajo una rara enfermedad y su seguro médico no cubría esa clase de gastos.

– ¿Qué tipo de enfermedad era? Le cuestiono porque yo soy médico y así podré saber qué tan extraño era ese padecimiento.

– Inexplicablemente, la piel del señor Ontiveros se le comenzó a poblar de un grueso pelaje.

– No me trate de espantar señora. Soy escéptico en torno a los acontecimientos vinculados al ocultismo. Mejor déjeme ir a mi habitación.

– De ninguna manera mi intención era el de asustarlo con leyendas de terror cortas, sino simplemente advertirle que este asilo está lleno de hombres lobo.

Apenas la mujer terminó de pronunciar esta línea, decenas de ancianos convertidos en licántropos empezaron a emerger de la oscuridad del pasillo.

Nelson asustadísimo giró la cabeza hacia atrás y le gritó al chofer del taxi.

– ¡Espere, no se vaya!

Subió con la agilidad de un mozuelo al auto y cuando éste se puso en marcha, pudo observar por la ventanilla que uno de los hombres lobo era su amigo Orlando.

El detective de homicidios

El detective de homicidios

Los forenses, patólogos y detectives de homicidios están acostumbrados a escuchar un cuento de terror basado en hechos reales. No obstante, no es lo mismo cuando te toca presenciar hechos espeluznantes en carne propia.

Era la una de la madrugada y el radio de la patrulla sonó. Nos informaron que a algunas calles de donde estábamos los vecinos del lugar habían reportado que de la casa marcada con el número 782 salía un olor muy fuerte.

Nos acercamos al sitio y en efecto el olor era casi insoportable.

– ¿Crees que sea un homicidio? Me preguntó mi compañero.

– Cómo quieres que te conteste si no hemos tenido oportunidad de ver el cadáver. Es más, ni siquiera sé si hay un cuerpo. Tal vez una tubería se reventó y eso es lo que ha causado este horrendo aroma.

Toqué el timbre, más como no obtuve respuesta, golpeé la puerta, ya que vi que había luces en la parte de arriba de la casa. Súbitamente los cuartos se apagaron y todo quedó en penumbras.

Con el alboroto, uno de los vecinos salió y me dijo:

– En esa casa no vive nadie más que el señor Jerry y hace más de dos días que no lo vemos. Por eso, los llamamos a ustedes.

De una patada abrí la puerta y entré con el arma desenfundada. Encendí mi linterna y me puse explorar el lugar meticulosamente. Mi olfato me guió hasta la sala que era donde encontramos el cuerpo en descomposición de un hombre que casaba con la descripción del dueño de la casa.

– Mira, murió sentado en el sofá leyendo. Murmuró mi compañero.

– Es extraño, el libro está muy lejos de su alcance y además ese maniquí está justo enfrente de él, como si estuvieran conversando. Vea registrar el resto de la casa y yo trataré de armar las piezas que faltan en este rompecabezas.

A los pocos minutos, mi colega bajó y me dijo que las habitaciones de arriba estaban también llenas de maniquíes.

– Lo más probable es que este individuo haya sido un diseñador de modas, pero eso ya lo confirmaremos en la comisaría. Por lo pronto llama a los muchachos para que se lleven el cadáver. Mencioné.

Mi colaborador se regresó a la patrulla y en ese instante escuché una voz detrás de mí.

– ¿Quieres platicar conmigo?

Era el maniquí quien se había levantado de su asiento y quería comunicarse conmigo. Inmediatamente después de que cerramos ese caso, me retiré para siempre del departamento de homicidios.

Cuentos medievales

Aquella época lejana, una época bastante clásica y por supuesto poco avanzada en la tecnología pero con las suficientes cosas buenas como para que se les eche siempre la mirada atrás en películas y libros.

Cuentos medievalesHablamos de los cuentos medievales, cuentos en los que volvemos a la época de las reinas y reyes, castillos y señoríos que invaden calles con un pueblo algo pobre, pero donde el honor es el que manda. En estos cuentos podemos encontrar desde el clásico caballero de brillante armadura, rubio y que se dirige en su caballo, su fiel corcel, a rescatar a la reina de una torre custodiada por un dragón hasta algo más realista donde veremos héroes, tal vez nobles o un pueblerino normal que se encuentra en tesituras típicas de esa época.

Sin duda es muy bueno volver la mirada atrás, a cuando las espadas luchaban con honor, para vivir de verdad un cuento medieval donde el claro rasgo que no puede faltar es la existencia de las creencias, de los principios. Momento en el que los hombres eran capaces de morir por no arrodillarse ante alguien que no era su verdadero rey, o eran capaces de perder su vida por no mentir y manchar su lengua con falsas palabras.

La existencia del honor permite la creación de estos maravillosos cuentos medievales, los cuales son trasmitidos a los más jóvenes de nuestro hogar que siempre desearan ser unos héroes medievales y algún día cabalgar sus propios caballos.