El detective de homicidios

El detective de homicidios

Los forenses, patólogos y detectives de homicidios están acostumbrados a escuchar un cuento de terror basado en hechos reales. No obstante, no es lo mismo cuando te toca presenciar hechos espeluznantes en carne propia.

Era la una de la madrugada y el radio de la patrulla sonó. Nos informaron que a algunas calles de donde estábamos los vecinos del lugar habían reportado que de la casa marcada con el número 782 salía un olor muy fuerte.

Nos acercamos al sitio y en efecto el olor era casi insoportable.

– ¿Crees que sea un homicidio? Me preguntó mi compañero.

– Cómo quieres que te conteste si no hemos tenido oportunidad de ver el cadáver. Es más, ni siquiera sé si hay un cuerpo. Tal vez una tubería se reventó y eso es lo que ha causado este horrendo aroma.

Toqué el timbre, más como no obtuve respuesta, golpeé la puerta, ya que vi que había luces en la parte de arriba de la casa. Súbitamente los cuartos se apagaron y todo quedó en penumbras.

Con el alboroto, uno de los vecinos salió y me dijo:

– En esa casa no vive nadie más que el señor Jerry y hace más de dos días que no lo vemos. Por eso, los llamamos a ustedes.

De una patada abrí la puerta y entré con el arma desenfundada. Encendí mi linterna y me puse explorar el lugar meticulosamente. Mi olfato me guió hasta la sala que era donde encontramos el cuerpo en descomposición de un hombre que casaba con la descripción del dueño de la casa.

– Mira, murió sentado en el sofá leyendo. Murmuró mi compañero.

– Es extraño, el libro está muy lejos de su alcance y además ese maniquí está justo enfrente de él, como si estuvieran conversando. Vea registrar el resto de la casa y yo trataré de armar las piezas que faltan en este rompecabezas.

A los pocos minutos, mi colega bajó y me dijo que las habitaciones de arriba estaban también llenas de maniquíes.

– Lo más probable es que este individuo haya sido un diseñador de modas, pero eso ya lo confirmaremos en la comisaría. Por lo pronto llama a los muchachos para que se lleven el cadáver. Mencioné.

Mi colaborador se regresó a la patrulla y en ese instante escuché una voz detrás de mí.

– ¿Quieres platicar conmigo?

Era el maniquí quien se había levantado de su asiento y quería comunicarse conmigo. Inmediatamente después de que cerramos ese caso, me retiré para siempre del departamento de homicidios.

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