Mito de los Dioses de la Muerte

Mito de los Dioses de la Muerte

Según las creencias de nuestros antepasados, cuando una persona fallecía, podría ir al Sol, el Tlalocan o el Mictlán, dependiendo la forma de su muerte. El primer destino, era para guerreros caídos en combate y mujeres muertas en parto, ya que esta era también una batalla. Al Tlalocan iban todos aquellos difuntos a causa de la madre naturaleza (ahogados, alcanzados por un rayo). El Mictlán era el noveno y último nivel del inframundo. A él iban los afectados de muerte natural o de enfermedades.

El Mictlán era gobernado por la dualidad, Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, Señor y Señora del mundo de los muertos. Para llegar a él. había que pasar por un río, dos cerros que chocan entre sí, el lugar de la culebra que guarda el camino, el lugar de la lagartija verde, ocho páramos, ocho collados, el lugar del viento frío de navajas, atravesar el río Chignahuapan.

La palabra Mictlán ha sido traducida como: “lugar muy ancho; lugar oscurísimo; que no tiene luz ni ventanas”. Se le conoce también con otros nombres como Ximoayan, “donde están los descarnados“; Atlecalocan, “sin salida a la calle”, etc. Por lo que podría tratarse de la cueva por la cual se entra al mundo de los muertos, pero también era lugar de nacimiento de hombres. Para los misioneros del siglo XVI era el equivalente al infierno, aunque en el pensamiento nahua más bien se tenía como sitio en donde quedaban depositados los huesos de los antepasados.

El Mictlán, tenía nueve asientos en sentido vertical y cuatro “espacios” en sentido horizontal, orientados conforme a los rumbos del universo. Uno de los primeros pasos que se le presentaba al cuerpo era el de ser devorado (descarnado) para que en esa condición pudiera continuar su andar hacia el mundo de los muertos. Y quedar a merced de los Dioses que habitaban en algunos de los niveles del inframundo. Además de los principales mencionados anteriormente. Aparecen en parejas Ixpuzteque, “el de pie roto”, y su esposa Nezoxochi, “la que arroja flores”; Nextepeua, “el que riega cenizas” y su esposa Micapetlacalli, “caja de muerto”; Tzontémoc “El que cayó de cabeza” y Chalmecacíhuatl, “la sacrificadora”.

A manos de todos estos dioses de la muerte, cuando la vida de un hombre llegue a su final, y se encuentre en la región de los muertos: por siempre allá arderá, llorará, pasará hambre, varias formas de tormento le serán dados. Será gran desdicha porque siempre recibirán su merecido, padecerán en vida, nunca terminará su tormento.”

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